Cuando los padres se sienten desbordados por el comportamiento de sus hijos es porque no tienen una guía clara de cómo actuar. Las jóvenes familias que vienen a explicarme el problema que tienen con sus hijos, traen un fuerte sentimiento de culpa y mucha tensión en la relación familiar.

Los padres somos responsables de formar a nuestros hijos en valores para la vida, facilitándoles los medios para su protección, salud y educación. Sin embargo por ingerencias de la pedagogía y psicología en la vida familiar, como doctrinario de los padres ideales, complacientes, comprensivos y siempre cariñosos, la función de la paternidad se ha hecho muy complicada. O peor aún, muy frustrante por ineficaz y desconcertante.

Los adultos somos los guías y protectores de nuestros hijos, esto no significa que seamos los instructores académicos, ni tampoco los responsables absolutos de su alegría, adaptación al medio o inteligencia. Ellos tienen una «identidad» propia y la misión parental es la de ayudarlos a crecer lo mejor posible. Identificar la sobrecargada culpabilidad de estos padres es el primer paso para la solución de esta tensión parental que deja sin referentes claros a los niños y jóvenes.

Ante la ausencia del rol parental funcional y consistente, los niños ocupan demasiado espacio en la familia. Se convierten en el centro de atención por la estupefacción de los papás que no saben contener una «pataleta», demandas ni deseos inapropiados. Si este espacio emocional sobrepasa el equilibrio, puede aparecer «el síndrome del emperador», el niñ@ déspota que exige y manipula a sus padres inseguros y culpabilizados porque desconocen su labor .

Para corregir esta ausencia de autoridad parental positiva se les debe explicar a los papás que tener unas directrices claras y velar por su cumplimiento educa y relaja la tensión de los niños dejándoles su espacio para experimentar, jugar y aprender según su etapa de crecimiento. En muchas ocasiones me remito al Juez Calatayud que es un referente claro de lo que es el sentido común en la educación y la familia. Una familia es un equipo y a los padres les toca liderar este equipo para que sus niños se desarrollen maduros y con valores claros.

 

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